Fake News, víctimas y verdugos

Las fake news, o noticias falsas, son las protagonistas de nuestro tiempo. Frente a la verdad, a las razones y a los datos, las noticias falsas influyen en un porcentaje importante de la población para decantar la opinión y el voto, de un lado o de otro.

Lo hemos visto en las elecciones estadounidenses y francesas, en el Brexit británico, o en el procés catalán. Acontecimientos y elecciones que han sido contaminados por estas noticias falsas que influyen de forma determinante en la sociedad creando corrientes de opinión, barriendo con fuerza el sentido de la razón y los datos más contrastados.

La incertidumbre y el miedo al futuro, claves en el éxito de las fake news

Sin duda, la influencia de las noticias falsas en la población tiene su razón de ser en la incertidumbre que existe en estos momentos en las sociedades occidentales. La seguridad de los países desarrollados en las últimas décadas se está volatilizando. La crisis económica, el desempleo, la falta de perspectivas económicas claras, el terrorismo yihadista… está llevando a que las sociedades de los países europeos o de Estados Unidos vivan un creciente sentimiento de inseguridad que da alas a los populimos y a las fuerzas de extrema derecha.

Fuerzas que en muchos casos  se aprovechan de las fake news con el apoyo y la connivencia de actores extranjeros deseosos de desestabilizar a los países occidentales y potenciar la demagogia y las noticias falsas para crear inseguridad, desconcierto y desazón entre los ciudadanos y así poder orientar el sentido del voto.

Estas noticias se basan en la tergiversación de los datos para ofrecer una realidad paralela que alimenta el populismo político y que se aprovecha de los marcos mentales creados en este periodo convulso e inseguro que nos ha tocado vivir. Esos discursos fakes reatroalimentan esa sensación de vulnerabilidad de la sociedad a la vez que favorecen los sentimientos frente a la racionalidad, provocando que un importante porcentaje de la ciudadanía apueste, frente a los partidos políticos tradicionales, por las fuerzas más extremas con la esperanza de que encuentren soluciones para resolver esas situaciones que tanto miedo provocan.

Soluciones rápidas para la desesperación que buscan excitar los sentimientos más primitivos y silenciar la razón. Populismo contra raciocinio. Algo que no es nuevo, ni mucho menos, pero que sí que se ha visto alimentado e incrementando en este comienzo del siglo XXI con la intervención de las redes sociales y la extensión del uso del teléfono móvil con acceso a internet.

El auge de las redes sociales provoca en muchos casos una distorsión de la realidad motivando la unión y el sentido de pertenencia con aquellos que consideramos más cercanos. En este sentido, ese sentimiento de pertenencia a una comunidad o una corriente salvadora del país es sumamente atractivo para muchos ciudadanos, siendo el caldo de cultivo ideal para estos discursos fakes.

Con este panorama, es normal que políticos, directivos de redes sociales y medios de comunicación estén preocupados por la influencia de las fakes news en el correcto funcionamiento de las democracias occidentales.

En estos días hemos visto como Google y Facebook no aceptarán publicidad sobre el aborto de cara a la celebración de un referéndum en Irlanda sobre este tema, para evitar que fuerzas antiaborto extranjeras puedan influir en los ciudadanos irlandeses. También el presidente francés, Emmanuel Macron, ha decidido tomar cartas en el asunto para tratar de atajar las noticias falsas mediante un proyecto de ley que verá la luz en el país vecino.

Es obvio que hace falta luchar contra estas noticias falsas que afectan a nuestras democracias. Noticias que se basan en la mentira pero que son asumidas por una parte de la sociedad como informaciones verdaderas. El problema es cómo hacerlo, porque a estas alturas de la película, lo ideal sería que los propios ciudadanos fuésemos capaces de discernir entre lo que es verdad o es mentira, teniendo en cuenta que “somos la generación más preparada de la historia”. Pero parece que estamos lejos de luchar contra ellas, cuando los propios medios de comunicación y la ciudadanía lo que hacen es alimentarlas.

¿Se pueden combatir las fake news?

Las noticias falsas existen porque hay políticos fake que se aprovechan de los miedos de la gente, que contribuyen a excitar el estado de ánimo y se aprovechan de las emociones, destacando el amor por la tierra y la identidad cultural, y potenciando el odio contra lo extraño, contra lo diferente…. Políticos que se apoyan en determinados periodistas que contribuyen a incorporar ruido a los debates, alimentando de esta manera la confusión. De hecho, los propios periodistas deberían abrir un debate sobre cómo combatir esa profusión de noticias falsas que tanto contaminan el debate político.

Un debate en el que las redes sociales tienen una influencia fundamental, ya que este tipo de noticias se apoyan claramente en las redes sociales para amplificar el mensaje y conectar emocionalmente con nuestra parte sensitiva, al llevar estas noticias hasta nuestro teléfono móvil mientras vamos sentados en el metro, en el autobús, o mientras vemos las redes sociales en el sofá de nuestra casa.

Tampoco hay que olvidarse de la responsabilidad de cada ciudadano a la hora de juzgar estas noticias y, cómo no, de contribuir a extenderlas. En unos casos, por convencimiento, por pensar que esa es la auténtica realidad de su país y que esas amenazas son verdaderas. En otros casos, porque aunque saben que son noticias falsas, les interesa extenderlas para potenciar su ideología o su partido político.

Luchar contra las fake news es un deber de la clase política comprometida con los valores de la democracia. ¿La solución?  Recuperar el liderazgo mediante una transformación de los partidos y un aumento de la transparencia, acompañada de una mejora de la comunicación política basada en la autenticidad y el trasfondo.

Es decir, un discurso potente que sea capaz de mostrar todas las versiones para que el ciudadano pueda elegir libremente, que no obedezca a intereses; y por supuesto, que sea transversal para que pueda ser en todos los ámbitos y clases sociales

En definitiva, un discurso lleno de valores y enmarcado en una comunicación estratégica donde las palabras sean capaces de ilusionar a esas personas que han perdido la esperanza en el futuro y en el propio sistema y que buscan nuevas alternativas a la desesperada para salvar ese mundo que han perdido. Y ahí, una correcta gestión de la comunicación política en las redes sociales también es fundamental.

Ana Sanz Crecimiento Politico

Coaching y mentoring político.

Trabajo con políticos comprometidos con su desarrollo personal y les ayudo a diseñar su estrategia y plan de acción para conseguir mejores resultados electorales. 

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